Los ecosistemas costeros son espacios dinámicos donde naturaleza y actividad humana conviven en equilibrio constante. Dunas, playas, acantilados y marismas forman redes ecológicas complejas que sostienen biodiversidad, protegen la costa y aportan servicios esenciales al territorio.
En Dune estudiamos cómo funcionan estas conexiones y cómo responden los ecosistemas frente al cambio climático, la fragmentación del paisaje y las presiones humanas. Nuestro trabajo integra distintas escalas y disciplinas científicas para entender tanto la biodiversidad visible como los procesos ecológicos que mantienen el funcionamiento del litoral.
Analizamos especies y hábitats mediante herramientas de genética, ecología, antropología, modelización espacial y análisis territorial, generando conocimiento útil para la conservación y la gestión ambiental.
Las especies de los ecosistemas costeros afrontan actualmente un escenario de creciente fragmentación, pérdida de hábitat y presión ambiental derivada del cambio climático y la transformación del litoral. En Dune estudiamos especies amenazadas con el objetivo de comprender su estado de conservación, su diversidad genética y la conectividad entre sus poblaciones, generando conocimiento clave para diseñar estrategias eficaces de gestión y restauración ecológica.
Los hábitats costeros no solo albergan biodiversidad, también sostienen numerosos servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar humano. Los ecosistemas litorales protegen la costa frente a la erosión y los temporales, contribuyen a la regulación ambiental y constituyen espacios de alto valor cultural, recreativo y paisajístico.
En Dune estudiamos cómo funcionan estos ecosistemas y cómo las actividades humanas influyen en su conservación, resiliencia y capacidad para seguir proporcionando servicios al territorio. Comprender estas interacciones es fundamental para promover modelos de gestión compatibles con la conservación del litoral y con las comunidades que conviven con él.